Una cartera pequeña se aguanta en la cabeza. A partir de unos pocos inmuebles, el problema no es “saber de leyes”: es **no mezclar** quién debe, qué se cobró y qué gasto es de qué finca.

## Empieza por el inventario, no por el Excel de rentas

Cada inmueble necesita una ficha estable: dirección, referencia catastral, titular y, si aplica, edificio. Sin eso, el contrato no tiene ancla y el IRPF se rellena a ojo.

Los titulares importan. Una SL, un matrimonio o varios hermanos no declaran igual. El software tiene que saber **quién es el propietario**, no solo “la empresa que usa la herramienta”.

## El contrato es la fuente de la renta

En vivienda, el marco habitual es la LAU: duración, prórroga, fianza y actualización. La renta que “debería” entrar cada mes sale del contrato vigente, no de un recordatorio suelto.

Cuando cambia la renta (IRAV u otro índice pactado), deja rastro: fecha, índice, importe anterior y nuevo. Si no, el año siguiente no sabrás por qué marzo no cuadra con enero.

## Cobra y concilia

Lo que el inquilino transfiere y lo que el contrato pide a veces no coinciden: retrasos, transferencias a medias, depósitos mal etiquetados. Conciliar movimiento bancario contra el recibo evita inventar impagos o ingresos.

Una gestora que liquida al propietario necesita el mismo hilo: cobros, gastos repercutibles y saldo del mes.

## Gastos con dueño

Un seguro, una factura de fontanería o la comunidad no sirven de nada en un cajón. Pídeles **inmueble**, fecha y, si toca, si son deducibles. Así el cierre mensual y el IRPF salen del mismo sitio.

## Un cierre que se pueda enseñar

Cada mes, una foto: rentas devengadas, cobradas, gastos y excepciones. Si alguien pregunta “¿por qué este propietario cobró menos?”, la respuesta está en esa foto, no en un hilo de WhatsApp.

Ese es el trabajo que Rendhub ordena: portfolio, contratos, banca, gastos e IRPF en un solo flujo, con la ley española de fondo. La Academia enseña los clics; este artículo es el criterio.